Artículo - Diario Cinco Días
Domingo, 27 de noviembre de 2002

RESPONSABILIDAD SOCIAL, UN NUEVO MODELO


Emilio Botín ha anunciado un plan de Responsabilidad Social Corporativa para el Banco que preside. Un nuevo departamento será el responsable de implantarlo y dar cuenta trimestralmente de su marcha a la Comisión Ejecutiva y al Consejo de Administración. Algo está cambiando en el mundo de los negocios que empuja a las empresas a adoptar este nuevo enfoque de gestión que compagina beneficios, responsabilidad social y desarrollo sostenible. ¿Moda o necesidad?. El tiempo lo dirá.

La falta de confianza en los mercados

Los escándalos financieros de grandes compañías, salpicando en los últimos tiempos, un día sí y otro también, los noticiarios de todas partes del mundo, están produciendo un efecto generalizado de rechazo y desconfianza. El falseo intencionado de la verdadera situación financiera de empresas de la importancia de Enron y Worldcom, ubicadas en los primeros lugares de los ranking de reputación empresarial, y el ocultamiento del fraude por parte de la empresa auditora, Andersen, han llevado a los mercados a una situación difícil, semejante a la que padecen un considerable número de inversores, empleados, clientes, entidades financieras y proveedores de dichas compañías.

En las últimas semanas hemos conocido la puesta en práctica en Estados Unidos - paradójicamente el país con la economía de mercado más desarrollada del mundo- de medidas gubernamentales de control que pretenden evitar el empeoramiento de la situación. En España se ha nombrado la "Comisión Aldama" con el encargo del Gobierno de estudiar la transparencia y seguridad de los mercados financieros y las sociedades cotizadas. La Ley Financiera, por su parte, y la reforma contable anunciada completarán los mecanismos de control encargados fundamentalmente de restablecer la confianza perdida. Sin embargo, los más agoreros piensan que, a pesar de todos los controles que puedan establecerse, podemos encontrarnos ante la punta de un iceberg, que poco a poco irá emergiendo para mostrarnos una realidad oculta que pondrá en jaque al propio sistema de mercado.
El análisis de la situación actual de falta de confianza nos proporciona tres aspectos clave:

1. Las reglas del mercado. Maximizar el valor para los accionistas por medio de la obtención de unos más que ambiciosos resultados empresariales, se ha convertido en una espada de Damocles para los responsables de las empresas, que, obsesionados por unos beneficios en progresión geométrica, no dudan en quebrantan las normas y los valores profesionales elementales.

2. La codicia de los directivos. Determinados sistemas de retribución e incentivos se sustentan en el afán de enriquecimiento personal de los directivos de las compañías que ponen al servicio de este fin todos los resortes a su alcance. Llama la atención el hecho de que los directivos de firmas investigadas por los escándalos empresariales en Estados Unidos fueran los que ganaban más que la media.

3. Relación de poder en las organizaciones. El gobierno de las sociedades, responsable del mantenimiento del equilibrio de poderes entre los distintos grupos de interés (stakeholders) de las empresas, ha descuidado su atención en la, a veces, fuerte disputa bilateral por el control entre propietarios y dirigentes. Los Consejos de Administración, en muchas ocasiones, no han desempeñado adecuadamente la labor de control de las operaciones realizadas por los gestores, los cuales han podido ocultar y manipular a sus anchas la información sobre la verdadera marcha de las compañías. Es decir, sistema (mercado), personas (dirigentes) y organizaciones (procedimientos de control).

La maximización del beneficio, que no la obtención del mismo, presupone un enfoque de corto plazo, si atendemos a que un sistema complejo, como el representado por las organizaciones empresariales y el mercado, donde los resultados dependen de un gran número de variables, algunas de ellas absolutamente imposible de controlar, no puede pretender alcanzar año tras año incrementos de beneficios óptimos exponencialmente superiores a los de periodos anteriores, sin aparentes limitaciones. Lógico es pensar que ante la imposibilidad conceptual de obtener máximos beneficios hasta el infinito, la empresa un año puede tener resultados inferiores a los obtenidos en momentos pretéritos, pudiendo experimentar pérdidas coyunturales, difíciles de evitar cuando hablamos de trayectorias de largo plazo.

Los mercados, por lo tanto, no deberían gravitar exclusivamente en la órbita de la maximización del valor (accionista, beneficios), sino que, teniendo en cuenta el carácter social de las organizaciones que lo conforman, debería centrarse en mayor medida en aspectos más esenciales y de legado.

La codicia representa interés personalista, enfrentado al interés del grupo o al proyecto constructivo de futuro para todos. Un directivo que trabaje y luche por su propio beneficio difícilmente podrá centrarse en el benéfico colectivo. Cuando el gobierno corporativo, es decir, el sistema de dirección y control supremo de las compañías, relaja el cumplimiento de sus funciones, incurre en una falta grave que puede desembocar en la desaparición de la entidad, produciendo un grave perjuicio en todos los estamentos de la sociedad (económico, político y social).

Empresa buena, empresa socialmente responsable

Responsabilidad Social Corporativa (RSC) significa básicamente asumir la esencia social de las organizaciones empresariales como conjunto de personas que interactúan en el marco de la sociedad, tanto desde un punto de vista de su propia composición elemental (organización igual a la suma de individuos sociales) como desde la óptica de miembro integrante de un sistema social (ciudadano corporativo). La RSC, como enfoque de gestión ético, induce comportamientos responsables hacia todas las personas y grupos sociales que interactúan en la empresa, de forma tal que se alcanzan la confianza de todos ellos y la reputación necesaria para legitimarse ante la sociedad.

Según el Libro Verde de la Comisión Europea Promoting a European Framework for Corporate Social Responsibility "la Responsabilidad Social Corporativa es un concepto por el cual las empresas deciden contribuir voluntariamente a mejorar la sociedad y a preservar el medioambiente.

A través de la RSC las empresas se conciencian del impacto de su acción sobre todos los stakeholders y expresan su compromiso de contribuir al desarrollo económico, a la vez que a la mejora de la calidad de vida de los trabajadores y sus familias, de la comunidad local donde actúan y de la sociedad en su conjunto".

Las dimensiones interna y externa de la RSC se plasman en el cuadro siguiente, en donde se recogen algunos de los comportamientos empresariales más relevantes respecto a los distintos stakeholders.

Comportamientos empresariales socialmente responsables
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Empleados: Formación continua, delegación y trabajo en equipo, transparencia y comunicación interna, equilibrio trabajo-familia, diversidad de la fuerza laboral, política de retribuciones transparente y coherente, igualdad de oportunidades y contratación responsable, participación en beneficios y capital, empleabilidad y perdurabilidad del empleo, seguridad e higiene en el puesto de trabajo, procesos de recolocación.
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Accionistas: Retribución del capital, transparencia informativa, inversiones éticas, código de buen gobierno.
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Gestión de procesos productivos: Ahorro en consumo de energía, procesos limpios sin emisiones contaminantes.
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Clientes, proveedores y competidores: Productos y servicios de calidad, fiables a precios razonables; selección y relaciones de colaboración con proveedores, colaboración con competidores.
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Comunidad local y global; Aportación al desarrollo local, colaboración con proyectos comunitarios, suscripción de convenios internacionales de colaboración.

Confianza en los mercados y responsabilidad Social Corporativa

Restablecer la confianza en los mercados tras los escándalos financieros es la principal preocupación de muchas instituciones. La RSC establece lazos duraderos de confianza a través de comportamientos persistentes generadores de algo bueno para las personas y la sociedad en su conjunto, que van más allá, lógicamente, del mero cumplimiento de los controles legales. La RSC no sólo ha demostrado que genera confianza y que mejora la reputación de las organizaciones que la practican, también se han contrastado sus efectos positivos en el incremento de los beneficios, en la reducción de costes, aumentando las ventas y la fidelidad de los clientes, mejorando la productividad y la calidad, incrementando la capacidad de atraer y retener talento, reduciendo las inspecciones y las sanciones legales y mejorando la capacidad de atraer recursos financieros por medio de las inversiones socialmente responsables. Y no podría ser de otra manera, en tanto en cuanto, la RSC es un sistema de gestión integral que abarca todas las áreas de la empresa, desde el gobierno y la dirección estratégica, hasta la información y auditoría social, pasando por el control de gestión y la dirección de personas.

La RSC propone un nuevo concepto de empresa que está siendo impulsado por instituciones internacionales de la importancia de las Comunidades Europeas (European Framework for Corporate Social Responsibility) y las Naciones Unidas (Global Compact) las cuales han establecido un plan de acción para el medio plazo, con el fin de que en los tres o cuatro próximos años la RSC haya sido incorporada a gran parte de las compañías del mundo. En definitiva, la Responsabilidad Social Corporativa, representa un proyecto de empresa ético y humano que pretende cubrir las carencias de un enfoque excesivamente mercantilista y deshumanizado, a la vez que aporta argumentos para ayudar a restablecer un clima de confianza en los mercados, en las organizaciones y en las personas.


José Luis Lizcano
Director Gerente y Coordinador de la Comisión sobre RSC de la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA)

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